ECONOMÍA NARANJA

abril 14, 2019



ECONOMÍA GRIS

La Economía Naranja aún es un concepto que es desconocido por muchos, aun siendo un plan de desarrollo económico del gobierno en curso, no se tiene una idea clara y concisa de lo que es, de sus enfoques, implementaciones y efectos. 

Este concepto fue publicado por primera vez en el 2013, planteado por Iván Duque y Felipe Buitrago, como un plan de desarrollo económico que impulsa a las grandes industrias creativas, fomentando así el emprendimiento, las nuevas ideas, y la protección a símbolos y patrimonios culturales, pero no fue sino hasta el 2017 que se aprobó la Ley 1834 de 2017 reglamentándose así este proyecto como un plan nacional. 

Según la Unesco, las industrias culturales y creativas son: “aquellos sectores de actividad organizada que tienen como objeto principal la producción o la reproducción, la promoción, la difuso y/o la comercialización de bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial” (MinCultura, 2018) de la Mientras que el objeto principal del Ministerio de Cultura es “incentivar a una Colombia creativa y responsable de su memoria, donde todos los ciudadanos sean capaces de interactuar y cooperar con oportunidades de creación, disfrute de las expresiones culturales, en condiciones de equidad y respeto por la diversidad” (MinCultura, 2018).

Si bien la Economía Naranja es un término relativamente nuevo y significativamente reciente propuesto en el plan de desarrollo del presidente actual, las industrias creativas, o la Ley Naranja ya opera en distintos países, siendo México, Argentina y Brasil los ejemplos más cercanos a nuestro contexto cultural.


El arte y la cultura necesitan de ambos focos, el económico y el social. Reconociendo como este, de manera primordial una herramienta que fortalece los lazos sociales, el arraigo a la identidad, la humanización y la sensibilización, la construcción, reconstrucción y protección de la memoria y la apuesta para la construcción de la paz, todo esto en clave educacional y cultural, sin desconocer su valor simbólico.

Ya entrando en materia, el plan de desarrollo económico llamado, la Economía Naranja, aspira a invertir y promocionar de manera exponencial a la creación y preservación de la cultura Colombiana y a todas sus actividades y expresiones artísticas o patrimoniales teniendo como base, la propiedad intelectual, transformando así las ideas creativas, en bienes y servicios culturales, dentro y fuera del país, buscando de por medio que, estas actividades establezcan nuevas fuentes de aporte económico al PIB nacional. En cuanto a la implementación, esta se focalizara en el estudio de las necesidades específicas de cada región, además de categorizar desde lo micro a lo macro los sectores dentro de la misma (esto para la priorización de inversión y visualización del sector), consiguiendo así, como una de sus consecuencias, el que Colombia se posicione a nivel mundial como un foco de industria cultural creando así una marca propia…la de “creado en Colombia”. Esto a simple vista parece una idea más que formidable. Impulsar e invertir de manera significativa el sector del arte y la cultura, siendo un apoyo a las nuevas ideas creativas, partiendo de las necesidades de cada región, dando una nueva y exponencial imagen de Colombia al exterior, no suena para nada reprochable, pero sería iluso no analizar los efectos que esta tiene, que sin darse cuenta (casi de manera inocente) al hablar del arte y la cultura desde una perspectiva en clave económica,  la posiciona en un mercado de competencia.

Aunque en algunos de los textos que hablan sobre la Economía Naranja detallan como este podría aportar a desarrollo económico, como una alternativa que es inagotable, limpia y auto sostenible, es un gran reto para el sector privado y público sostener que el arte y la cultura puede ser una partida crucial para el crecimiento y desarrollo económico pero sobretodo competente con otras industrias – al parecer más rentables – está en lo correcto. No es inusual que el arte y la cultura, entre otros, se vea renegado del apoyo gubernamental, siendo este únicamente un espacio de ocio sin ningún aporte significativo para la población. Así que si bien la Economía Naranja se reconoce la importancia de este, la misma se reduce únicamente en términos monetarios, en cuanto aporta al PIB y en qué tan rentable es, tanto en el interior como en el exterior. Ahora, no se me es extraño que tomen un modelo Estadounidense y quieran implementarlo de manera directa y sin objeciones en Colombia, lo que es un gran error al desconocer del contexto, de las dinámicas y las problemáticas que están en juego en el país. Como dije anteriormente, exponencial esa industria o ese sector no es una idea reprochable, pero si tiene varias fallas que se deben analizar con lupa para observar verdaderamente cuáles serán los efectos de esta implementación.
El enfoque al impulso del arte y la cultura no es nuevo, ya en varias ocasiones y en otros gobiernos se le han dado una relevancia. Hablando puntualmente, el gobierno de Santos, gracias al marco de la implementación de paz se hizo una inversión representativa a este sector, pero con enfoques distintos a los que hoy en día se plantean. 

Existen unas categorías para determinar la inversión y la factibilidad del recurso, o más bien el bien y el servicio. Al ser impulsadas las grandes industrias creativas, se corre el riesgo de crear pequeños monopolios dentro del sector. Hay que comprender que, para bien o para  mal, la cultura y el arte es volátil; en términos coloquiales, se consume lo que está de moda, – porque si bien el arte que se consume debe estar mediados por significantes como los del gusto, y de los deseos de las personas, que en su mayoría de las ocasiones, están influenciada por dictámenes de  las potencias mundiales; no por nada el eurocentrismo o anglo centrismo  –  en el momento en que transcurre algún fenómeno que permea de una manera flexible e infinita estos gustos. Bajo estas lógicas, si las grandes industrias culturales que se piensan ser el eje principal de la cultura y el arte, los contenidos a nivel nacional tendrán que  jugar bajo esas lógicas. Es decir, en términos económicos, ya que se concentrara y propiciara a ser un mercado de competencia, el menos apto tendrá que adaptarse a las lógicas demandadas no por las necesidades de las comunidades sino por quienes conservan su hegemonía imponiendo su modelo de mercado. 

Esto deja a la cultura/arte alternativo, el que resurge de problemáticas sociales, un arte crítico social, o simplemente uno que no capta la atención suficiente como para competir con los otros modelos, marginalizados e invisibilizados encadenando así la modernización de expresiones culturales tradicionales que tienen la intención y necesidad de ser competentes en un mercado que ya no solo es nacional sino internacional. Una cita que hace alusión a este tipo de mecanismos se encuentra en uno de los artículos oficiales de la Economía Naranja: “quien sobrevive no es el más fuerte ni el más inteligente, sino el que se adapta mejor al cambio” Charles Darwin; fenómenos como la música es un ejemplo claro de este.
Puede que estas otras puestas no obtengan reconocimiento en su valor real sino en términos de su capacidad productiva, recayendo, como en muchos otros sectores, en la desigualdad y difícil acceso tanto de difusión como al del consumidor que no se le será viable las industrias culturales propuestas por la Economía Naranja haciendo de estas no un derecho sino un privilegio.

Con todo esto no quiero decir que el arte y la cultura deban tener ese factor económico  – gratis en pocas palabras –, sin algún reconocimiento ni inversión este se vería igualmente debilitado que la única prenoción de que el arte deba ser un exponente económico, instrumentalizando así las apuestas.

El arte y la cultura necesitan de ambos focos, el económico y el social. Reconociendo como este, de manera primordial una herramienta que fortalece los lazos sociales, el arraigo a la identidad, la humanización y la sensibilización, la construcción, reconstrucción y protección de la memoria y la apuesta para la construcción de la paz, todo esto en clave educacional y cultural, sin desconocer su valor simbólico. El gran reto del gobierno está en comprender esta coyuntura del poder y necesidad del arte y la cultura como un ente de trasformación social. Apostar al arte y la cultura en un contexto de posconflicto, sin instrumentalizarlos ni sacrificar su esencia creativa.



VALENTINA FLOREZ





IMPULSO A LA CULTURA 

Nos encontramos aquí reunidos, amables lectores, para dejar a un lado el pesimismo que se tiene hacia el futuro de la economía del país y mirar a la economía naranja como un portal hacia el desarrollo económico/cultural de nuestra ama patria Colombia.

Como bien se sabe, la economía naranja es un proyecto que buscar hacer de los pequeños emprendedores conquistadores de su mundo, fotógrafos, actores, productores, publicistas, animadores digitales y todo lo concerniente al mundo de la cultura y la mano factura, dicho en otras palabras significa construir patrimonio.
Para entender mejor este proyecto, hay que entender en que momento estamos y como lo dijo Felipe Buitrago en Semana en vivo, estamos en un momento de grandes trasformaciones, la economía, la sociedad y la cultura están evolucionando y hay que adaptarnos a los cambios, una empresa que no se adapta al cambio es una empresa que muere. Hay actividades que tiene un valor patrimonial y es obligación social del estado brindar un apoyo a este sector, eso no significa, como dicen algunos críticos, que es interversionismo, independientemente si es cultural o no, el estado debe brindar herramienta a la gente para que pueda desarrollar su talento.

estamos en un momento de grandes trasformaciones, la economía, la sociedad y la cultura están evolucionando y hay que adaptarnos a los cambios

Por qué forzar a una niño que tiene pasión por el arte a volverse médico o ingeniero?  Es precisamente aquí, en este punto, donde el proyecto de la economía naranja cobra aún más importancia, la idea central  es darle las herramienta al sector de la cultura para que quienes la desarrollan la viva con dignidad,  que desde pequeños se apoderen de la cultura y se atrevan a construir una vida alrededor de ello. Desde la constitución del 91 se puso que la cultura es fundamente de la nacionalidad y lo que quiere el presidente duque es poner a este sector como una manera de desarrollo social, que contraiga a un más importancia en Colombia.

La economía en Colombia está compuesta en más de la mitad por la exportación de los recursos minerales, recurso que en algún momento acabaran, y migrar hacia el sector de la economía y el conocimiento se convierte en la opción más rentable.
Formar a las próximas generaciones en la industria de la economía digital del conociendo de la cultura conocimiento de para que estas personas construyan el futuro, tanto el futuro tecnológico como el futuro cultura – en estas palabras se reduce el discurso que se trasmite desde gobierno y el banco interamericano de desarrollo.

El tejido social de los colombianos se construye cuando construimos culturas, antes de estar satanizando este tipo de iniciativa por desconocimiento, deberíamos estar apoyando el desarrollo socio cultura, hacer que de Colombia un país pilar a nivel internacional en el mundo de la cultura es una reto que necesita mucho apoyo, y a la misma vez se convierte en una forma de olvidar nuestra reprochable narco historia.




ANDRES CABARCAS.

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