MUJERES, ENTRE LA VIOLENCIA Y LA PANDEMIA

junio 21, 2020

LA HISTORIA DE LA MUJER QUE QUISO VOLVER A SU CASA, Y OTRAS MAS

 


La historia de una mujer que quiso volver a su casa, y la intención depravada de un hombre, maquillada por actos de caballerosidad, que se ofreció en llevarla hasta su hogar, estaba por dejar en la historia una página más cargada de sangre, dolor y muerte. Y así lo fue.

Entre el 16 y 17 El tema principal en la prensa fue el hallazgo del cuerpo sin vida de Daniela Quiñonez en el Río Cauca, y en redes sociales, las tendencias simbólicas eran #NiUnaMas #NoAparecemosMuertasNosMatan.

 Lastimosamente, el miedo es parte del equipaje de una mujer cuando salen a andar solas, o se encuentran con un hombre en la calle.

Rosa Elvira Cely fue otra víctima simbólica que murió en 2012 en después de ser violada y posteriormente empalada en el Parque Nacional de Bogotá, en aquella ocasión, Colombia se movilizó exigiendo justicia, provocando en consecuencia, que en 2015 se expidiera una ley que castigar el feminicidio como un delito específico.

Pero no solo matan y violan a las mujeres en Colombia, también las atacan recurrentemente con ácido. Natalia Ponce de León, es una de esas víctimas, quien se convirtió en un símbolo y prestó su nombre para una ley de 2016 que aumentó la pena para los responsables de ataques con ácido.

Yo, siendo hombre, me parece una barbaridad y me preocupa que ser mujer en Colombia signifique vivir con miedo. La cuarentena por el COVID ha sido un período donde los delitos cayeron, pero a su vez, el aislamiento se convirtió en zona de cultivo para la violencia contra las mujeres. Las llamadas de auxilios incrementaron un 79%, las denuncias de violencia de género subieron al 50, el 77% de la violencia sexual que se denuncia ocurre en la vivienda y normalmente el agresor es una persona cercana, El hogar se convirtió en un espacio inseguro para las mujeres y las niñas. Miren lo que pasó con Heidy y su bebe. Estas dolorosas cifras terminan en más de 42 mujeres asesinadas por su condición de ser mujer, hasta ahora.

Yo, siendo hombre, desde este espacio, alzo mi voz en protesta porque las niñas tienen derecho a crecer sin miedo a estar o salir solas. Porque son dueñas de sus cuerpos y sus sueños. Porque yo también tengo madre, abuela, hermana, tia, prima y amigas que merecen respeto y admiración, y si quieren ser presidenta o dueñas una gran compañía, lo pueden ser.  Yo, siendo hombre, Alzo mi voz porque la vida a las mujeres no vale menos, porque fui criado por una guerrera y porque me inculcó el deber ético, de hacer que las mujeres sean respetadas.


 

 


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