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La historia de una mujer que quiso volver a su casa, y la intención depravada de un hombre, maquillada por actos de caballerosidad, que se ofreció en llevarla hasta su hogar, estaba por dejar en la historia una página más cargada de sangre, dolor y muerte. Y así lo fue.
Entre el 16 y 17 El tema principal en la prensa fue el hallazgo del cuerpo sin vida de Daniela Quiñonez en el Río Cauca, y en redes sociales, las tendencias simbólicas eran #NiUnaMas #NoAparecemosMuertasNosMatan.
Lastimosamente, el miedo es parte del equipaje de una mujer cuando salen a andar
solas, o se encuentran con un hombre en la calle.
Rosa
Elvira Cely fue otra víctima simbólica que murió en 2012 en después de ser violada
y posteriormente empalada en el Parque Nacional de Bogotá, en aquella ocasión,
Colombia se movilizó exigiendo justicia, provocando en consecuencia, que en
2015 se expidiera una ley que castigar el feminicidio como un delito
específico.
Pero no solo matan y violan a las mujeres en Colombia, también las atacan recurrentemente con ácido. Natalia Ponce de León, es una de esas víctimas, quien se convirtió en un símbolo y prestó su nombre para una ley de 2016 que aumentó la pena para los responsables de ataques con ácido.
Yo,
siendo hombre, me parece una barbaridad y me preocupa que ser mujer en Colombia
signifique vivir con miedo. La cuarentena por el COVID ha sido un período donde
los delitos cayeron, pero a su vez, el aislamiento se convirtió en zona de
cultivo para la violencia contra las mujeres. Las llamadas de auxilios
incrementaron un 79%, las denuncias de violencia de género subieron al 50, el
77% de la violencia sexual que se denuncia ocurre en la vivienda y normalmente
el agresor es una persona cercana, El hogar se convirtió en un espacio inseguro
para las mujeres y las niñas. Miren lo que pasó con Heidy y su bebe. Estas
dolorosas cifras terminan en más de 42 mujeres asesinadas por su condición de
ser mujer, hasta ahora.
Yo,
siendo hombre, desde este espacio, alzo mi voz en protesta porque las niñas tienen
derecho a crecer sin miedo a estar o salir solas. Porque son dueñas de sus
cuerpos y sus sueños. Porque yo también tengo madre, abuela, hermana, tia,
prima y amigas que merecen respeto y admiración, y si quieren ser presidenta o
dueñas una gran compañía, lo pueden ser. Yo, siendo hombre, Alzo mi voz porque la vida a
las mujeres no vale menos, porque fui criado por una guerrera y porque me
inculcó el deber ético, de hacer que las mujeres sean respetadas.

