¿PUEDE UN MÉDICO NEGARSE A PRACTICAR UN ABORTO?
junio 09, 2019![]() |
| Paula Jimenez |
La objeción de conciencia en
Colombia, ha sido un tema muy controversia, sobre todo por los derechos que se
ven afectados. La objeción de conciencia es un derecho personalísimo que debe
ser alegado por el profesional de la salud con anterioridad a su vinculación a
la institución, invocando derechos morales o religiosos.
La objeción de conciencia tiene
limitaciones frente a la protección de los derechos sexuales y reproductivos de
la mujer que desea practicar el aborto cumpliendo lo proferido por la sentencia
C-355/2006; el ignorar el cumpliendo de dicha sentencia acarrea el
desconocimiento de un problema de salud pública por parte del Estado así como
la continuidad de consecuencias económicas, sociales y de discriminación a la
cual se ven sometidas las mujeres que deciden acudir al mandato de la Corte
para proteger sus derechos.
En Colombia existe una gran
problemática entre los profesionales de la salud y las mujeres a la hora de
practicar el aborto, aún bajo las tres despenalizaciones establecidas en la
ley, eso justifica el gran índice de clandestinidad a la hora de recurrir al
aborto por parte las mujeres. Dicha abstención ha desembocado en un sinfín de
afectaciones a los derechos sexuales de las mujeres creando una tensión entre
la práctica del aborto y la objeción de conciencia, por un lado los derechos de
la mujer gestante, a la libertad de conciencia, la igualdad, la vida, la salud,
libre desarrollo de la personalidad, intimidad, y por el otro, el derecho del
profesional en invocar el derecho a la objeción de conciencia debidamente
fundamentado por convicciones de carácter religioso o moral y a no tener
obligatoriedad de realizar actos en contra de su conciencia.
El aborto debe dejar de ser visto desde ámbitos religiosos y morales, es hora de buscar una solución a esta problemática
En el tema del aborto, la
Constitución Política Colombiana en el artículo 94 establece que dentro del
listado de derechos consagrados están incluidos los inherentes a la persona
cuya fundamentación se basa en la autodeterminación sexual e integridad
corporal y así mismo dentro de estos derechos se contempla la asequibilidad a
los métodos anticonceptivos, a los servicios de salud que brinden ayuda como
orientación sexual reconociendo los derechos de género; y la potestad de
decisión de la pareja de espaciamiento y número de hijos en pro de una
maternidad y paternidad responsable.
El aborto debe dejar de ser visto
desde ámbitos religiosos y morales, es hora de buscar una solución a esta
problemática, durante un debate sobre el aborto en el programa Zona Franca, la
entonces Representante a la Cámara por Cambio Radical Ángela Sánchez aseguró
que en Colombia “no hay un monitoreo claro en cifras” sobre el aborto, “no hay
bases para establecer una política pública clara en temas como la prevención y
la educación sexual”. Y debido a que no hay cifras reales, lo que crea son
grandes dificultades para diseñar y ejecutar políticas públicas para enfrentar
el problema.

2 comentarios
Pienso que en caso de que un médico esté obligado a practicar un aborto, entonces deberían haber médicos especializados en abortos, porque no se le puede negar a un profesional su derecho a elegir qué quiere hacer con su carrera y a regir su vida según sus creencias morales o religiosas, de lo contrario estamos sometiendo los derechos de unos a los derechos de otros, y por lo tanto quitando el derecho del primero para no negar el derecho del segundo.
ResponderBorrarEn suma, negar la perspectiva religiosa o moral en cualquier ámbito, terminaría en el detrimento de la libertad individual. No todo el tiempo se debe someter la libertad de unos por la de otros, hay alternativas; tanto el pensamiento liberal como el conservador pueden cohabitar en un mundo tan grande.
Claro que el pensamiento liberal y el conservador pueden cohabitar en este mundo, ya que en terminos de intereses de clases se ubican en el mismo lado de la balanza (ej: frente nacional).
ResponderBorrarLo que hay que hacer es empezar a mirar el problema del aborto como un problema político y social, más que individual (sin desdeñar este componente) al hacer esto entendemos que no depende solo de políticas públicas: sería una mirada santanderista al funcionamiento y papel de las leyes. Al entenderse como problema político y social se le da un enfoque integral, que mire desde una perspectiva histórica y clasista las contradicciones que subyacen en esta problematica.